Es positivo sentarme a evaluar el esfuerzo que implica ganarse la vida y el tentador descuido que nos engancha en el vicio del crédito. Tengamos claro de salida que me rehúso a tener una tarjeta de crédito en uso permanente. Llámenme anticuada , retrograda, runcha o pobre…no me interesa ni me ofende. Es muy peligroso creer que se tiene mas, mucho más, de lo que arroja el estado de cuenta mensual.

Comencemos por confesar las carencias. No tengo idea de que podría incluirse en un semestre (y mucho menos 4 años lectivos) de carreras como Finanzas, Banca y Economía. Esto lo digo con tremenda envidia, ya que me especializo en comunicación visual y doy por sentado que todo los lenguajes poseen sistemas parecidos. Inclusive la abstracción tiene un lenguaje entendible. Pero para mi el lenguaje del dinero no tiene sentido, carece de símbolos predecibles y no me produce interés, ni económico, ni emocional. Se tiene para comprar cosas que se necesitan. Se trabaja para ganarlo y se guarda para un día lluvioso. Eso fue lo que me enseñaron en casa y medio que lo entendí bastante bien, hasta que entré en la adolescencia y me volví adicta a las revistas, los LP’s de vinilo y las zapatillas Converse.

Recuerdo con amargura un jugoso regalo de Navidad en efectivo que desató en mi una furia consumista. Hubiera sido muy bueno tener a un consejero financiero explicándome que si el dinero que despilfarraba no compraba cosas que pudieran producir beneficios a corto o largo plazo, solo estaba botando mi dinero (que aunque regalado, era mío).

Mis compras de niña y adolescente siempre fueron muy superfluas. Revistas, novelas, discos y zapatillas. Hubo un momento entre los 14 y 16 años que tuve más de cinco pares de zapatillas Converse en todo los colores de moda, cuando un par hubiese sido más que suficiente. Mi hermana (verdadera superflua) en cambio, siempre tenía dinero. Obvio que leía mis revistas y novelas, oía mis discos y se ponía mis zapatillas… y mi madre me hubiera matado si se enteraba de que pudiera pensar en rentar o trocar … a mi propia hermana… cosas que amorosamente le debía compartir. Compartir un carajo, cuando ella siempre tenía dinero para ir al cine y yo no… pero eso es otra historia.

Este circulo consumista me llevaba a pedir dinero a mis padres con más frecuencia que mis hermanos y por ende me hice una fama de botarate. Yo estaba bastante segura de que esto no era cierto, y que lo más probable era que no estaba tomando decisiones correctas en cuanto al dinero y la manera en que lo usaba.

Pasó el tiempo y decidí que si algo me iba a dar un poco de dinero eran mis talentos comprobados. La puerca torció el rabo, nuevamente, cuando converse con mis padres sobre mi decisión de estudiar una carrera no tradicional (y causar otro gran drama en casa, por que ahora además de botarate quería ser artista pobre). Estudié diseño, y luego artes visuales.

Tuve que optar por no pelear (pero tampoco dar mi brazo a torcer) … y financiar mis estudios. Cuando estudiaba diseño, tuve un sin fin de empleos, y por ahí también tuve que salir del hogar prematuramente para salvar el poco juicio que tenía a disposición.

Al recordar esos tiempos no entiendo como podía pagar un alquiler, comida, luz, teléfono y gasolina con un mísero sueldo de medio tiempo. Pero lo hice. Que coño hice, no sé, pero lo hice. Con el pasar del tiempo, no es que he resuelto el dilema del dinero, pero si le tengo mucho respeto a la deuda. Cuando me embarqué sola en una hipoteca, lo hice con un nudo en la garganta y otro en el estómago. No fue hasta que me entregaron la copia de la escritura que pude respirar hondo. El proceso de pedir dinero y comprobar que podía pagarlo mensualmente de vuelta (+ un jugoso interés) ya había pasado. Por primera vez en mi vida me senté a hacer algún tipo de proyección económica y salí tan deprimida del proceso que todavía me cuesta muchísimo encarar la responsabilidad de hacer que el dinero produzca más dinero.

Por que coño no me enseñaron esto en la escuela? Tanta Física y Cálculo por el culo y nada de lo que verdaderamente sirve… (y esa es también otra historia…)

Y entonces en que ando ahora, si es que ando en algo… ?

En crear un valor agregado. En hacer más con menos. En reducir gastos al mínimo sin comprometer calidad de vida. En tomar una idea, hacer algo bueno con ella, ser responsable en el intento y ver si me pagan un montón de dinero en el proceso. Esta última parte, lastimosamente todavía me elude, pero tengo la más sincera intención de que funcione.

Dicen por ahi que hay que encontrar un nicho y rellenarlo. Yo digo que no solo hay que rellenarlo, pero hacerlo de una manera que genere posibilidades.