Qué significa realmente vivir el momento? Vivir el ahora, el presente. Cuando pensamos en el futuro nos llenamos de ansiedades incontrolables: nuestros hijos, nuestros padres, la casa, la escuela, el trabajo… la jubilación… El pasado nos produce en ocasiones felicidad pasajera al recordar los aciertos; y en otras tristeza y desconcierto al pensar en las oportunidades perdidas. A veces el presente es tan intenso, tan ruidoso y tan inesperado que optamos por desconectarnos de el. En planificar y musitar sobre el ayer pasan las horas que al acumularse se convierten en nuestra vida.

Creo que lo que mas nos angustia de vivir el presente es la incertidumbre. Esa sensación de caer en el vacío y no tener paracaídas. Tener constantemente que reinventar nuestras vidas, buscar nuevos caminos y nuevas oportunidades. Como nadar en el mar… pero sin salvavidas. La sensación de no tocar fondo nos hace desubicarnos, perder el norte, dudar del arriba, el abajo, el pa’lante y el pa’tras. Es tenaz caminar por un lugar desconocido sin brújula ni lumbre.

Recuerdo un retiro de educadores hace muchos años. Eran los días previos a mi primera experiencia como maestra. Joven e inexperta, me lanzaba a una experiencia para la cual estaba segura no estaba preparada. El año lectivo comenzaba en un par de días mas y yo estaba sola, en el lago de Gamboa, cerca de los árboles y los lagartos, viviendo el presente y muriéndome de miedo. Meditando, según el director de secundaria. Dándome un tiempo de respirar energía renovadora. Pero estaba realmente en el presente? Estaba realmente viviendo y experimentando lo que me rodeaba en ese instante? Mas bien creo que estaba sumida en la angustia de que se acabara el día de hoy y llegara el día de mañana… y estuviera mas cerca de lo que venía… sin saber realmente a que me enfrentaba.

Me acosté en el deck del lago y mire hacia arriba. En qué me estaba metiendo?, quién me había dicho que yo podía enseñar a un grupo de adolescentes graduandos?, qué tenía yo para darles?, qué les podía compartir?, quién era yo para hacer mella en la vida de alguien más?

En ese debate autocompasivo estaba cuando pasó una bandada de aves. De la nada llegaron, en perfecto orden, con una cadencia y un ritmo que contrastaba con el ruido ensordecedor que producían. Un estruendo que me saco del debate con el futuro y me conecto con el caos del presente. Y el presente tenia sonidos, olores, texturas y una energía de vida que me sorprendió. No se cuanto tiempo le tomo a las aves cruzar el cielo, tal vez segundos. Para mi fue una epifanía que todavía vivo.

Y así ha sido cada clase que he dado en muchas esuelas de muchos lugares con niños, jóvenes y adultos de diversas procedencias. Un nudo en el estomago al pensar en que pasará, un esfuerzo conciente en conectarme con el ahora, un ruido intenso, bulla y actividad, el orden desordenado en el que se aprende de verdad… acompañado de muchísima energía productiva y un silencio hermoso para la bajada. Tal cual como las aves de Gamboa. Tal cual como la Naturaleza me enseñó en ese momento cuando me conecté con el presente, con el ahora, en ese lugar donde no cabe el miedo.