Dos cosas interesantes me pasaron esta semana con respecto a mi blog. Creo que si hubiesen sido eventos aislados no les hubiera prestado atención; pero el hecho de que ambos casos sean exactamente iguales me hace llegar a la conclusión de que lo que estoy escribiendo ahora mismo tiene que ser escrito.

Ahora seré un poco mas específica. Ayer recibí un correo electrónico de mi mamá. La primera línea era para felicitarme por mis escritos (que leía por primera vez) y las siguientes varias eran para expresarme su sorpresa al leer que yo sentía no haber sido apoyada por mi familia durante mi época de estudiante. Decía también que esperaba que mis lectores no pensaran que yo tenia una madre desinteresada y desprendida.

La verdad es que el asunto me causo un poco de gracia, ya que conozco a mi madre. También me sentí un poco defraudada en el sentido de que tuve una adolescencia muy dificultosa, estuve en terapia mas años de los que recuerdo, estuve medicada algunos mas… y creo que me he ganado el derecho de escribir libremente de lo que he vivido y el impacto que mis vivencias han tenido en mi.

Decía mi mama que ella recordaba las cosas de una manera muy distinta y me pregunto hasta que punto es difícil para un padre aceptar que tal vez debió haber tomado otras decisiones. Ya soy un adulto y siento innecesario sentarme a enumerar las veces que me sentí despreciada, incomprendida o agredida. Hoy en día no siento angustia ni rencor y mucho menos resentimiento, pero los hechos no dejan de serlos por mas que la familia tenga memoria selectiva.

Así se lo hice saber con la respuesta que le di a su correo, a pesar de que me escribió que no era necesaria una respuesta. (Si algo he heredado de mi madre es esta absurda necesidad de tener la ultima palabra en todo… como ahora, por ejemplo.) También le hice saber que no se tenia que sentir mal, que la gran mayoría de los padres de chicos que optaban por las artes pasaban un mal rato. Tal vez este sea el golpe mas duro y el mas necesario. Hacer por cuenta propia lo que el corazón te dicta, y obviar sin remordimientos lo que se espera de ti. Al fin y al cabo, creo que un padre es feliz cuando ve a su hijo feliz, le haya llevado la contraria o no.

Será que así nos forjamos algo de respeto? No creo a estas alturas necesitar la admiración de mis padres para sentirme realizada como artista o profesional; pero si es genuina e incondicional, pues bienvenida sea y muy apreciada también. Yo siento mucha admiración y respeto por lo que hago y la persona que soy hoy proviene del cúmulo de experiencias que me ha lanzado la vida… las buenas, las malas y las feas. Y con esta línea terminé lo que le escribí a mi mama. Lo lindo de mi mamá es que cuando ha tenido que decirme que le importo, o que soy su mayor alegría, lo hace por escrito. El afecto en persona es un arte aprendido, y cuando me escribe estas cosas pienso en las carencias que se transmiten de generación en generación. Se me aguan un poco los ojos al escribir esto, pero me siento muy orgullosa de poder expresarlo: por escrito, en un poema, una pintura o cara a cara con palabras, miradas y gestos. Respirando y saboreando cada uno de los sentimientos que acompañan a mis palabras.

El otro caso fue mas confrontacional, ya que no llegó por correo, llegó por llamada telefónica. No voy a entrar en detalles, pero la sensación fue extraña, ya que aunque el nombre de la persona no había sido publicado, se sintió lo suficientemente identificada como para hablarme al respecto. Es esto lo que me pareció interesante. El protagonista del escrito pudo haber sido cualquier persona. Por que ésta en particular se sintió identificada? Surgió la insatisfacción de algo que escribí o de algo que ya existe en esta persona, independientemente del escrito? Volví a leer el artículo y me quede pensando que ciertamente podría aplicarse a muchas personas. Precisamente por eso escogí ese evento en particular, por que resumía varias situaciones parecidas. Así se lo hice saber a la persona en cuestión.

Nuevamente me veía justificando lo escrito, lo percibido, lo vivenciado. La persona de la que hablo es un hermoso ser humano, lleno de cualidades insuperables. No me esperaba esa llamada, y tal vez sea como la carta de mi mamá; para dejar claro que se me aprecia, se me estima y que los que me quieren se preocupan por mi.

Les agradezco mucho sus reacciones, ya que de ellas sale esto que acaban de leer… también agradezco mucho que me lean. Ese es el mayor cumplido.